Nuestro primer hogar
Después de casarnos,
nos esperaba el abrazo del primer hogar.
No había muebles,
no había televisor,
no había luz de lujo,
solo una cama pequeña
donde cabían nuestros sueños.
Y aun así fuimos felices
en la pobreza humilde,
porque nos teníamos el uno al otro,
y eso bastaba para nosotros.
Entre la escasez y el hambre silenciosa
fueron pasando las hojas de la vida.
Tú y yo, trabajando
con las manos cansadas
y el corazón de pie.
Criamos dos vástagos
con monedas frágiles,
pero con amor infinito.
Ellos aprendieron temprano
que la vida se gana con esfuerzo.
Crecieron.
Y nosotros, a brazo partido, los formamos.
Hoy uno es profesional en el extranjero,
el otro, ingeniero.
Y al mirar atrás comprendemos:
no tuvimos riqueza,
pero tuvimos todo.
Porque tú y yo, juntos,
levantamos el laurel de la gloria, amor.
Nuestro primer hogar
Luego de casarnos,
nos esperaban los brazos de nuestro nuevo hogar.
No había muebles,
no había televisor,
no había lujos, solo una cama pequeña
que abrigaba nuestros sueños.
Pero éramos felices en la amiga pobreza,
porque nos teníamos el uno al otro,
lo teníamos todo.
Entre los ojos de la escasez y el timbre del hambre
fueron pasando las hojas de la vida.
Tú y yo trabajando
para sacar adelante nuestro hogar
y criar dos hermosos vástagos
con monedas escasas y huérfanas.
Ellos aprendieron desde pequeños el valor del trabajo, del esfuerzo
para triunfar en la vida.
Los hijos crecieron y tú y yo, a brazo partido, logramos formarlos:
uno hoy en el extranjero, prometedor profesional,
el otro ingeniero.
Lo logramos tú y yo,
juntos logramos el laurel de la gloria, amor,
porque juntos somos todo.
Edith Elvira Colqui Rojas – Perú


