Edith querida, al leerte sentí una voz que no se resigna ante las pérdidas, sino que busca en ellas una razón para volver a levantarse. Me gustó mucho esa imagen de las flores que, aun después de morir, dejan semillas dormidas capaces de regalar una nueva primavera.
También me llegó especialmente la idea de que el ser humano puede seguir germinando incluso bajo la tierra de sus derrotas. Ahí sentí el corazón de tu poema: nada tiene por qué ser definitivo mientras queden fe, creatividad y deseo de recomenzar.
Y el cierre, con Dios encendiendo una nueva aurora dentro del corazón, le da al texto una profundidad espiritual muy hermosa. Tu poema abraza, anima y recuerda que también desde el ocaso se puede volver a florecer.
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