LA PERSONA QUE NO PUDE SER
La persona que no pude ser
no me espanta ni me inquieta.
Agradecida estoy por lo que soy y lo que tengo,
aunque hubiese querido tener más flores para regalar al caído,
más capullos para envolver al triste.
Quisiera tener más paciencia
con quien daña mis rosas o mancilla mis pétalos;
mirarlo con ojos de ternura,
pues su universo debe tener púas
para lanzarme sus amarguras.
Quisiera haber perdonado más,
haber querido más,
que mis manos se hubiesen hecho
puras rosas de sacrificio.
Quisiera haber tenido más fe,
más coraje del que ya tengo
para batallar por mi fe,
por mis convicciones,
que son llamas que arden en mi alma,
incandescentes.
Quisiera, quizás, haber tenido
muchos años más de vida,
mucha más salud
para alcanzar algunos sueños más,
aunque Dios ya cumplió casi todos mis sueños.
Pero un poeta tiene siempre el alma despierta.
De todo lo que soy,
de todo lo que tengo,
no me arrepiento.
Dios me dio dones y defectos,
pero también grandes virtudes,
y quizá algunos aguijones
para mostrarme que soy carne imperfecta;
que las espinas me sirven para abajarme,
para saber que hay seres que esperan
de mis frutas maduras,
de mis semillas buenas.
Edith Elvira Colqui Rojas-Perú

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