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© SOY UN PEZ SOÑADOR
SOY UN PEZ SOÑADOR
Busco peces con plumas doradas comprometidas, peces con zapatos de tierra... Este poema lo podéis seguir leyendo en las plataformas que siem...
sábado, 11 de julio de 2026
viernes, 10 de julio de 2026
CANCIÓN A LOS RESCATISTAS EN VENEZUELA
Letras de Edith Elvira Colqui Rojas-Perú ©
Pensando y agradeciendo esos héroes que salvaron muchas vida en el terremoto de Venezuela en junio del 2026
VERSOS PARA LOS RESCATISTAS DE VENEZUELA
VERSOS PARA LOS RESCATISTAS DE VENEZUELA
Escribo estos versos para los rescatistas de Venezuela,
por su valor incalculable,
porque desafían el polvo, el miedo y la muerte
cuando el mundo parece derrumbarse.
Con sus manos levantan montañas de dolor,
apartando piedra tras piedra,
buscando un suspiro, un latido,
una vida que se niega a rendirse.
Ponen el hombro donde otros solo ven ruinas;
arriesgan su propia existencia
para devolverle un mañana
a quienes quedaron abrazados por los escombros.
También escribo para los perritos rescatistas,
ángeles de cuatro patas,
que escuchan las voces invisibles
de quienes esperan en el silencio de las ruinas.
Sus ladridos son campanas de esperanza,
faros que atraviesan el polvo,
pequeños milagros con hocico y corazón,
que anuncian a los rescatistas
que aún late la vida bajo las piedras.
Gracias, queridos perros rescatistas;
el mundo entero agradece
la inmensidad de su noble corazón
y la fidelidad que nunca conoce el abandono.
Gracias, valientes rescatistas, de todas las naciones,
gracias perritos rescatistas;
gracias, héroes de carne, hueso y esperanza.
Mientras existan manos como las suyas
y ladridos que desafíen el silencio,
la humanidad jamás quedará sepultada bajo las ruinas,
porque siempre habrá un corazón dispuesto
a desenterrar la vida
del abrazo más oscuro de la muerte.
Edith Elvira Colqui Rojas-Perù-Derechso erservados
(A este poema le hice canción que en breve subo a You Tube)
jueves, 9 de julio de 2026
miércoles, 8 de julio de 2026
CORONADA DE ESPINAS
CORONADA DE ESPINAS
Siento el peso asfixiante de las espinas,
mi cabello rezuma la sangre de las dudas,
¿Merezco este tormento?
Estoy coronada de espinas.
Sus punzadas taladran mis pensamientos,
sus aguijones destrozan mis ilusiones,
pero mi amor por el Altísimo
permanece intacto.
Siento el peso del dolor en mi pecho,
busco respuestas en el cielo
para mi tormento,
pero solo el silencio me responde,
con sus voces mudas e indiferentes.
Coronada de espinas,
teñida del color del dolor,
no hay retorno para mi infortunio.
El Dios del Cielo ha decretado
Su juicio,
y lo acepto como una oveja fiel.
Soy una flor marchita en su jardín,
sin embargo, aún me sostiene
la raíz de la fe.
Cada herida de mi alma
es una semilla
que florece en su misericordia.
Jesús,
Tú que llevaste la corona de espinas
con infinita mansedumbre,
dame el agua del consuelo
para llevar la mía sin desfallecer,
Que mi herida se aligere,
y que mi dolor se transforme
en un canto de esperanza.
Recibe mi corona como ofrenda, Señor,
convierte mis lágrimas en ríos de fe,
y que mi clamor silencioso
llegue a ti
como incienso eterno.
Edith Elvira Colqui Rojas – Perú
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CROWNED WITH THORNS
I feel the suffocating weight of the thorns,
my hair drips with the blood of doubt.
Do I deserve this torment?
I am crowned with thorns.
Their prickles pierce my thoughts,
their thorns shatter my illusions,
but my love for the Most High
remains unbroken.
I feel the weight of pain in my chest,
I seek answers in heaven
for my torment,
but only silence answers me,
with its mute and indifferent voices.
Crowned with thorns,
stained the color of pain,
there is no return from my misfortune.
The God of Heaven has decreed
His judgment,
and I accept it like a faithful lamb.
I am a withered flower in His garden,
yet, the root of faith still sustains me.
Every wound in my soul
is a seed
that blossoms in His mercy.
Jesus,
You who wore the crown of thorns
with infinite gentleness,
give me the water of consolation
so that I may bear mine without wavering.
May my wound be eased,
and may my pain be transformed
into a song of hope.
Receive my crown as an offering, Lord,
turn my tears into rivers of faith,
and may my silent cry
reach you
like eternal incense.
Edith Elvira Colqui Rojas – Peru
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