Huella familiar
Hay huellas que el tiempo no puede borrar,
huellas clavadas como raíces en el corazón,
que a veces al alma la hacen reír
y otras, silenciosas, la enseñan a sangrar.
Son las huellas de mis padres,
cocinando amor en el hogar,
sus amorosos consejos, manzanas de oro,
y su sacrificio constante
para darnos alimento, vestido y estudio.
Mi madre, atareada entre la cocina
y su noble labor de maestra,
mi padre, alistándonos con ternura
para emprender el camino al colegio,
y yo, cuidando a mis hermanos
como quien guarda pequeños luceros.
Tampoco puedo olvidar a mis tres hermanos,
sus ocurrencias desbordadas,
los juegos, las risas
y aquellas pequeñas diferencias
que sanábamos con diálogo y comprensión.
Ah, estos recuerdos me marcaron,
fueron brújula en mi camino,
me hicieron una mujer agradecida y feliz.
Mi familia de antaño,
de mis días infantiles,
fue la más perfecta:
un nido colmado de cariño y comprensión.
Y aunque la enfermedad me arrebató
a mi padre y a mi madre en mi adultez,
y también a mi hermano querido,
sigo con esos recuerdos
como un sol que guía mi proceder
y me anima a seguir, esforzándome,
para llegar a la patria celestial
donde en paz ellos están.
Edith Elvira Colqui Rojas – Perú
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