(Fabiana, niña que fue encotrada sonriendo entre escombros del terremoto del Venezuela 24 junio 2026)
Entre escombros, ruinas y polvo,
se levanta una mariposa de esperanza:
el rostro de una niña
que no apagó su sonrisa
en la garganta de la oscuridad.
Venció el temor de la muerte
con un lazo tejido de ilusión;
como un lirio que florece
en la grieta de una piedra,
su mirada desafía al invierno del dolor.
Bendita niña,
símbolo de la fe que no se extingue
ni bajo tormentas ni huracanes;
bendito rostro que florece
en los corazones devastados,
como una semilla
que aprende a resucitar bajo las cenizas.
Mientras Venezuela llora,
ella, con su sonrisa de lluvia,
lava las lágrimas de la tierra,
alienta la búsqueda
de los familiares desaparecidos
y enciende una lámpara de ternura
allí donde el miedo había cerrado las puertas.
Su pequeño corazón
es un gorrión que se niega a dejar de cantar;
sus ojos, dos luceros obstinados,
rescatan del silencio
los nombres que el dolor no pudo borrar.
Su sonrisa es un sol de resurrección
que despierta las cenizas dormidas;
una primavera que brota
sobre los huesos del desastre,
una vida que vuelve a florecer.
Perú©
poema registrado
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