Dios no ha creado la guerra,
el hombre es su director
y su real promotor,
a sus maldades se aferra.
Y gime el mundo presente
por su loco desvarío,
y saborea el vacío
de su ser y de su mente.
Y Dios no puede bajar
ante cada yerro humano;
¿acaso es servil enano?
¡No lo hagamos enojar!
Él creó este bello mundo
con paciencia y con amor;
él nos regaló su flor,
el hombre es el infecundo.
Le devuelve latigazos
cuando al prójimo no quiere
y con sus manos le hiere,
y rompe con él sus lazos.
Su sueño es vernos felices
en nuestro hermoso planeta;
es amoroso poeta,
su sueño no paralices.
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