Cuando sumisa dormía
en mis castillos de
tierra,
la poesía me amó
con sus alas blanquecinas
y me llevó a volar
por las altas nubes
Presta acepté
su invitación de gala,
y blandiendo la bandera
de sus metáforas y rimas,
surqué sus oleajes
bravíos y profundos
hasta vencer los
naufragios del silencio.
No me negó su aliento
la diosa poesía,
y me entregó, rendida,
sus volátiles alas
para ascender conmigo
a los jardines secretos
de la ensoñación.
Sus egregios perfumes
derramaba en mi lecho,
y sin que me diese
cuenta,
ataba mis ojos
a la hoguera de sus
pupilas.
¡Me poseía toda entera
con la embriaguez de sus
versos,
y me hizo el amor
con toda el alma!
¡Era ella,
que en sus trenzas
alborotadas
me enamoraba!
Y yo me dejé amar,
extasiada,
como un pétalo rendido
al fervor de la
primavera.
La poesía me buscó,
me halló y me amó,
y en sus aureolas doradas
y resplandecientes
para siempre me
conquistó.
Autora:
Edith Elvira Colqui Rojas – Perú – Derechos reservados
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