Hora incolora, sin luz y sin sal,
hora de los pobres, de los tristes,
de los sin pan;
horas sin huesos de los niños de África,
hora de frío, de cruel abandono.
Hora sin pinturas de alegría, matizada por el yugo de la soledad, ¡hora que duele hasta el hartazgo!
Hora sin vino de las madres solas y los huérfanos, hora marchita de los hombres en guerras.
Horas consumidas en costosos armamentos que alimentan el ego de los vientos.
Hora dorada de lágrimas vivas de los marginados, de las viudas y ancianos,
hora que clama por justicia al cielo.
¿De quiénes que sufren me he olvidado? De los que lloran sin que nadie los nombre, de los que doblan el alma en faenas sin descanso,
de las mujeres que sufren calladas.
Por esas horas nos van a juzgar, por no habernos compadecido del prójimo cercano, por no haber compartido con los pequeños
y por cerrar la mano cuando otros pedían consuelo.
Pero aún puedes ser luz para ellos,
aún estás vivo
y puedes ser su sol y su abrigo.
Edith Elvira Colqui Rojas – Perú
EN VÌDEO:




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