CAMINA LA TRISTEZA
Camina la tristeza
por mis patios, mis jardines,
besa los silencios dormidos;
se niega a darme la sonrisa de las calles coloridas.
Viene, se va,
viaja con el viento,
anida en la espina, en la piel,
trepa las médulas como un espectro que no sabe morir.
Camina todo el día,
sin permiso llega,
sin aviso se esfuma,
es una dama de velo oscuro,
caprichosa, insistente,
susurra letanías
que congelan el alma.
En su cuarto oscuro
no penetra la luz,
solo arden en luciérnagas de pena.
Su melodía fúnebre resuena hoy,
y no se quiere ir…
Su sombra se sienta a mi lado
y bebe del cáliz de mi soledad.
Allí mora, silenciosa,
como un espectro que se alimenta del llanto,
sus pasos suenan en mis huesos,
sus lágrimas riegan mis raíces.
Pero sé que un día,
cuando el alma despierte en la aurora divina,
ella se disolverá
en el soplo eterno de la luz.
Y mi espíritu, libre al fin,
volverá a su morada inmortal.
Edith Elvira Colqui Rojas-Perú

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