El tiempo aniquiló mis sueños,
como hongos quedaron estáticos, inmóviles, sin voz.
Caminaba hacia la luz
con rayos de esperanza,
pero el tirano tiempo no respetó mis faldas de sueños.
Cada minuto es hoja muerta
si no se aprovecha el tiempo vivo.
Pero un campo verde me susurra
algunos girasoles de esperanza;
con la paz del equilibrio
se vencen los minuteros.
Y aunque el tiempo, con sus dedos largos,
intente deshojar mis pasos,
yo recojo cada latido
como si fuera un brote nuevo
brotando en la grieta del silencio.
Porque aún hay mares quietos
donde navegan sueños viejos,
y un viento tímido
que empuja mis faldas de anhelos
para que no queden dormidas
bajo la sombra del fiero minutero.
Así, entre susurros verdes
y girasoles que vigilan mi pecho,
aprendo que incluso el tirano tiempo
retrocede un segundo
cuando una esperanza lo mira de frente
con sus ojos verdes.
Edith Elvira Colqui Rojas-Perú
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