y su cándida apariencia;
sin mácula ni antifaz.
Es un príncipe veraz
que trae rosas de amor
en sus manos de primor;
es el Salvador del mundo,
y adorarlo yo difundo,
pues su pesebre es fulgor.
Es un nardo perfumado,
dulce anuncio del Señor,
que derrama su esplendor
sobre un mundo atribulado.
Llega manso y entregado,
con humildad encendida;
y en su gracia bendecida
brotará la salvación,
y su luz, fuente de vida.
Edith Elvira Colqui Rojas-Perú
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