

El hombre regresa a los orígenes, a Darwin.
A la época de las cavernas
¡No siente humanidad!
No le importa si el otro muere por las guerras,
o la violencia en las calles.
Sólo aplica la ley del más fuerte,
o no le importa, simplemente.
El hombre ya no siente.
Ni por sí mismo, ni por el otro.
Perdió su capacidad de asombro.
Se perdió, en el brillo del oro.
En una sociedad materializada,
ahogada en diversiones y banalidades.
Sofocada en la ambición.
¡Pobre hombre!
Queriendo ser feliz,
teniéndolo todo,
se encuentra tan solo.
Es que se le dio un cuerpo, un alma social.
Si no contacta con el otro.
Morirá ontológicamente.
Humanicémonos. Re humanicémonos.
Por qué no llorar públicamente frente a un hecho
emocionante o aciago.
¿Por qué reprimirse?
¡Por Dios, somos seres humanos!
Reír también cuando estemos alegres.
Eso no es falta de educación,
Es vivir plenamente.
Avance, progreso, sí.
Pero en todo primero, humanidad.
No somos diferentes por la raza, religión o país.
¡Todos somos la misma raza humana!
Compartamos.
Comprendamos.
El otro es viña para nosotros,
es oasis, en el desierto de nuestra soledad.
Cuando entendamos esto.
Habremos vuelto a humanidad...
*Edith Elvira Colqui Rojas -Perú- Derechos reservados
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