
La envidia campea por todas partes,
¡Craso recurso de pobres mentes sin
creatividad y talento!
Ya que en lugar de crear y producir
tienen tiempo
para poner zancadillas
y a veces como no pueden con el talento,
se dedican a sembrar chismes y discordias.
¡Qué pena los envidiosos
tejiendo sus telarañas de maldad!
Pronto en sus propias bocas caerá todo el mal que siembran.
El envidioso sufre solo su tormento.
El envidiado sigue feliz en su propio castillo de cuentos.
No envidies nunca nada de nadie
sé feliz con lo que Dios te da
y siempre el sol de la alegría en tus ojos brillará.
El envidioso es una pobre mosca,
un ruin roedor,
que ni siquiera hay que tener en cuenta,
hay que dejarlo que construya sus carretas de simpleza.
Hay mucho por hacer por esta vida,
que mirarle los zapatos mal lustrados.
Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados
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