
Señora soledad,
usted me atrapa,
en sus hilos inmensos, de nostalgia.
Sus cabelleras largas de melancolía,
cubren mi faz.
Sus pisadas colosales,
hoy invadieron mi alma,
y me ahogo, desconsolada, en el mar de la celeste pena.
Sus pies caminan,
sobre mis veredas
hablan sus voces en mi casa vacía.
Sus ojos me miran,
todo el día.
Me invitan a tomar, tazas interminables de té.
Señora soledad, ya no me atormente,
con sus vitrinas de amargura.
Usted semeja,
un banco solitario en lluvias de llanto.
Ese mar triste, sin veleros, ni barcos.
Seamos amigas.
Usted me regalará su mejor sonrisa,
y yo, mis rosas de amistad y de alegría.
Autora: Edith Elvira Colqui Rojas - Perú - Derechos reservados. Prohibida su copia total o parcial
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