Yo vi a la
señora soledad,
pasearse con sus peinetas doradas,
por mis puertas,
y saludarme presta,
¡con sus manos, tan blancas!
La vi vestida, con bata incolora,
llevando un candelabro brillante que me alumbraba.
Pero curiosamente,
sus ojos no me asustaban.
Sus pisadas albas,
me hacían compañía,
sus rosas me deleitaban.
Señora soledad,
cánteme sus canciones de estrellas,
que me alegren.
Regáleme sus naranjitas dulces,
que me acompañan.
Quiero que me muestre sus baúles,
de consejos eternos,
en mi casa de silencio.
No llore, señora soledad,
la vida es bella para velarla.
Venga,
siéntese cómoda en mi sofá.
Tomemos una taza de té,
y echemos las penas a volar.
Le daré un beso en la frente:
Aquí puede quedarse,
todo el tiempo que quiera...
Autora: Edith Elvira Colqui Rojas - Perú - derechos reservados
pasearse con sus peinetas doradas,
por mis puertas,
y saludarme presta,
¡con sus manos, tan blancas!
La vi vestida, con bata incolora,
llevando un candelabro brillante que me alumbraba.
Pero curiosamente,
sus ojos no me asustaban.
Sus pisadas albas,
me hacían compañía,
sus rosas me deleitaban.
Señora soledad,
cánteme sus canciones de estrellas,
que me alegren.
Regáleme sus naranjitas dulces,
que me acompañan.
Quiero que me muestre sus baúles,
de consejos eternos,
en mi casa de silencio.
No llore, señora soledad,
la vida es bella para velarla.
Venga,
siéntese cómoda en mi sofá.
Tomemos una taza de té,
y echemos las penas a volar.
Le daré un beso en la frente:
Aquí puede quedarse,
todo el tiempo que quiera...
Autora: Edith Elvira Colqui Rojas - Perú - derechos reservados
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